La encina (Quercus ilex) es un árbol perennifolio de la familia de las fagáceas, nativo de la región mediterránea y uno de los árboles más representativos del paisaje español.
| Reino | Plantae |
| División | Tracheophyta |
| Clase | Magnoliopsida |
| Orden | Fagales |
| Familia | Fagaceae |
| Género | Quercus |
| Especie | Quercus ilex |
La encina (Quercus ilex) es un árbol de talla media y baja que puede alcanzar de 16 a 25 m de altura, aunque también puede presentarse en forma arbustiva según las condiciones del terreno o el clima. Otros nombres comunes con los que se conoce son encino, carrasca, chaparra o chaparro.
Sus hojas son perennes y permanecen en el árbol entre dos y cuatro años: coriáceas, de color verde oscuro por el haz y más claro y tomentoso por el envés, con espinas en el contorno cuando la planta es joven. La corteza es lisa y grisácea de joven, y se va agrietando y oscureciendo con la edad hasta quedar casi negra.
Es nativa de la región mediterránea, donde forma parte esencial de la dehesa y el monte mediterráneo. Sus hojas duras y coriáceas reducen la transpiración, lo que le permite vivir en lugares secos y muy expuestos al sol.
Florece entre marzo y mayo, y sus frutos, las bellotas, maduran entre octubre y diciembre. La polinización es principalmente anemófila (por el viento).
Las encinas se cultivan sobre todo por sus bellotas, un alimento clave para la fauna ibérica y también para la ganadería tradicional del cerdo ibérico.
Como la mayoría de las plantas con flor, la encina establece relaciones simbióticas con hongos del suelo formando micorrizas. Algunas de estas especies de hongos, del género Tuber, son la conocida trufa negra, muy apreciada en gastronomía.