Rapaces nocturnas y el museo etnográfico «El Granero», con aperos tradicionales de labranza.
Cuando cae la noche, pequeñas figuras aladas de bordes desflecados surcan el aire. Atraviesan las calles de nuestros pueblos y ciudades como fantasmas. Sus largos penachos, sus discos faciales y sus inconfundibles ojos están diseñados para la vida con ausencia de luz. En la vieja Europa siempre estuvieron relacionados con leyendas, aquelarres y supersticiones: sus hábitos nocturnos y el estar ligadas a construcciones en ruinas o de carácter religioso hicieron el resto para demonizar a las rapaces nocturnas.
Miles de estas anécdotas y leyendas recorren las diferentes lenguas europeas, haciendo un flaco favor a estas aves que, gracias a su dieta, eliminan del campo y las ciudades las plagas de roedores e insectos. Lo cierto es que desde antiguo las rapaces nocturnas están ligadas a nuestras viviendas, ya sea en el campo o en la ciudad, beneficiándonos pero alimentando estas supersticiones también.
La incorporación de nuevos materiales de fabricación y el inicio de la producción mecanizada en serie introdujo cambios sustanciales en el modo de trabajo de los campesinos. Los tradicionales aperos elaborados por los carpinteros y herreros locales comenzaron a ser sustituidos por herramientas y máquinas de fabricación industrial que facilitaban y optimizaban sus tareas. En «El Granero» se exponen arados, herramientas y diversos aperos de trabajo utilizados en otras épocas, integrados dentro de una zona dedicada a las aves rapaces nocturnas, habitantes de muchos de estos lugares.







En esta galería podrás conocer un pequeño (pero muy importante) grupo de especies: