La lavanda (Lavandula angustifolia) es una planta aromática de la familia de las lamiáceas, originaria del Mediterráneo occidental y célebre por sus espigas de flores azuladas y su intenso perfume.
| Reino | Plantae |
| División | Magnoliophyta |
| Clase | Magnoliopsida |
| Orden | Lamiales |
| Familia | Lamiaceae |
| Género | Lavandula |
| Especie | Lavandula angustifolia |
El género Lavandula agrupa varias decenas de especies de plantas aromáticas mediterráneas, y la lavanda fina o lavanda inglesa (Lavandula angustifolia) es una de las más representativas y cultivadas. Se trata de una planta arbustiva de pequeño tamaño, de base leñosa y tallos herbáceos cuadrangulares, que rara vez supera el metro de altura. Sus hojas son estrechas, alargadas y de color verde grisáceo, cubiertas de un fino vello que les da un aspecto plateado y ayuda a la planta a retener la humedad.
Sus flores, de color azul violáceo, se agrupan en espigas terminales sobre tallos largos y desnudos que sobresalen por encima del follaje. Es precisamente en estas flores, y en las diminutas glándulas de sus hojas, donde se concentra el aceite esencial responsable de su característico aroma, uno de los más reconocibles del mundo vegetal.
Es originaria del Mediterráneo occidental, con poblaciones silvestres en el sur de Francia, Italia y la península ibérica, incluidas las zonas costeras y las islas Baleares. Crece de forma natural en laderas soleadas y pedregosas, a menudo sobre suelos calizos y bien drenados.
Es una planta muy resistente a la sequía y al sol directo, por lo que se ha extendido como cultivo ornamental y aromático por gran parte de Europa; en jardinería mediterránea, como la de Zoo Koki, se emplea tanto por su belleza como por su capacidad de atraer abejas y otros polinizadores.
Su nombre procede del latín lavare, «lavar», ya que los romanos perfumaban con ella el agua del baño; de esa misma raíz proviene la palabra española «lavanda».
Además de su uso en perfumería y aromaterapia, las flores secas de lavanda se han empleado tradicionalmente para ahuyentar la polilla de los armarios y para aromatizar la ropa de cama, una costumbre que se mantiene vigente en muchos hogares.