El laurel (Laurus nobilis) es un árbol perennifolio aromático de la familia de las lauráceas, originario de la región mediterránea y ampliamente cultivado desde la Antigüedad por su follaje y su valor simbólico.
| Reino | Plantae |
| División | Magnoliophyta |
| Clase | Magnoliopsida |
| Orden | Laurales |
| Familia | Lauraceae |
| Género | Laurus |
| Especie | Laurus nobilis |
El laurel es un árbol de porte pequeño a mediano que normalmente alcanza entre 5 y 10 metros de altura, aunque en cultivo suele mantenerse podado en forma de seto o arbolillo ornamental. Es una especie dioica, es decir, existen ejemplares con flores masculinas y ejemplares con flores femeninas por separado, de copa densa y verde oscuro, con un tronco recto recubierto de una corteza lisa y grisácea.
Sus hojas, muy conocidas por su uso en la cocina, son lanceoladas, coriáceas y de un verde intenso, con un característico aroma balsámico cuando se frotan o se secan. En primavera brotan pequeñas flores amarillentas agrupadas en las axilas de las hojas, poco vistosas, seguidas en otoño por unas bayas ovaladas que van del verde al negro azulado al madurar.
Es una especie propia de la cuenca mediterránea, presente de forma natural en el sur de Europa, el norte de África y algunas zonas del suroeste asiático, así como en puntos del litoral atlántico de la península ibérica. Crece bien en climas templados y suaves, tolerando el sol directo y cierta sequía estival, aunque agradece los suelos frescos y bien drenados.
Como el resto de la vegetación mediterránea, se adapta sin dificultad al clima de Toledo, resistiendo tanto los veranos calurosos como los inviernos moderadamente fríos, siempre que se evite el encharcamiento del suelo.
En la mitología griega, el laurel estaba consagrado al dios Apolo, que lo convirtió en símbolo de la victoria y la gloria tras la leyenda de la ninfa Dafne, transformada en este árbol para escapar de él; de ahí que las coronas de laurel se entregaran a poetas, atletas y héroes.
Esa misma tradición sigue viva en palabras como «laureado» o «bachiller» (del latín baccalaureatus, «coronado con bayas de laurel»), y sus hojas secas continúan siendo uno de los condimentos más habituales en guisos, sopas y estofados de la cocina mediterránea.