El jaguarzo morisco (Cistus salviifolius) es un arbusto mediterráneo de la familia de las cistáceas, de porte bajo y flores blancas, muy común en los matorrales y encinares del centro y sur de la península ibérica.
| Reino | Plantae |
| División | Magnoliophyta |
| Clase | Magnoliopsida |
| Orden | Malvales |
| Familia | Cistaceae |
| Género | Cistus |
| Especie | Cistus salviifolius |
El jaguarzo morisco es un arbusto de escasa altura, que generalmente no sobrepasa el metro, con un porte compacto y muy ramificado desde la base. Sus tallos jóvenes son flexibles y de corteza grisácea, que se oscurece y agrieta con los años. Las hojas, opuestas y de forma ovalada, recuerdan a las de la salvia por su textura rugosa y su vello suave en ambas caras, de donde procede su nombre científico «salviifolius».
Entre marzo y mayo cubre los matorrales con sus flores, formadas por cinco pétalos blancos con una pequeña mancha amarilla en la base, agrupadas en pequeños grupos de dos a diez unidades sobre delicados tallos. Tras la floración se forman unas cápsulas globosas que, al madurar, liberan numerosas semillas diminutas.
Es una especie propia de la cuenca mediterránea, presente en gran parte de la península ibérica y también en el noroeste de África. Resulta muy habitual en el centro y suroeste de España, donde acompaña a encinares, alcornocales y pinares.
Prefiere suelos arenosos, pedregosos o arcillosos, bien drenados y pobres en nutrientes, y tolera muy bien la sequía estival propia del clima mediterráneo, por lo que suele instalarse en las zonas más soleadas y expuestas del monte.
A pesar de su parecido con otras jaras, el jaguarzo morisco no produce el pegajoso láudano que caracteriza a especies como la jara pringosa: sus hojas son ásperas al tacto pero no resinosas.
Tradicionalmente, sus hojas secas se han empleado como sustituto casero del té y como remedio astringente popular, un uso que comparte con otras plantas mediterráneas de escaso porte pero gran presencia en el paisaje ibérico.