La higuera (Ficus carica) es un árbol de la familia de las moráceas, originario del suroeste de Asia, que se ha cultivado en la cuenca mediterránea desde tiempos prehistóricos por sus característicos higos.
| Reino | Plantae |
| División | Tracheophyta |
| Clase | Magnoliopsida |
| Orden | Rosales |
| Familia | Moraceae |
| Género | Ficus |
| Especie | Ficus carica |
La higuera es un árbol de hoja caduca, de porte pequeño o mediano, que rara vez supera los 7-8 metros de altura y desarrolla una copa amplia y abierta sobre un tronco de corteza lisa y grisácea. Sus hojas son grandes, de entre 12 y 25 cm, profundamente lobuladas en tres a siete lóbulos, de un verde intenso y tacto áspero al tacto.
Lo que solemos llamar «higo» no es en realidad un fruto simple, sino una infrutescencia carnosa en forma de pera, llamada sicono, que contiene en su interior decenas de diminutas flores; de las flores femeninas fecundadas se forman después los pequeños granitos que notamos al comer la fruta.
Es originaria del suroeste de Asia, aunque hoy crece de forma espontánea por toda la cuenca mediterránea y en muchas otras regiones templadas del mundo. Es un árbol muy resistente, capaz de arraigar en suelos pobres y pedregosos, y es habitual verla brotar entre las grietas de rocas y muros antiguos.
Las variedades cultivadas se propagan sobre todo por esquejes y destacan por su notable capacidad de adaptación a condiciones adversas, incluidas la sequía y los suelos de escasa calidad. Según la clasificación de la UICN, la especie está catalogada como de «preocupación menor».
Restos de higos subfosilizados hallados en Gilgal I, en el valle del Jordán, datan de entre el 9400 y el 9200 a. C., lo que ha llevado a algunos investigadores a plantear que la higuera pudo ser la primera planta domesticada por el ser humano, incluso antes que el trigo.
Muchas variedades dependen de una diminuta avispa, Blastophaga psenes, para su polinización: la hembra entra en el sicono a través de una pequeña abertura, poniendo sus huevos y transportando el polen al mismo tiempo, en una relación de mutualismo tan estrecha que ninguna de las dos especies podría sobrevivir sin la otra. Sin embargo, la mayoría de variedades comerciales actuales producen fruto sin necesidad de polinización, un fenómeno llamado partenocarpia.